miércoles, 20 de octubre de 2021

Casi un millón de personas en España tienen algún tipo de discapacidad visual

Muchas de las afecciones que causan pérdida de visión están, en cierto modo, asociadas al envejecimiento, si bien el simple hecho de cumplir años no “gasta vista” ni todos los mayores necesariamente han de padecerlas

Redacción EM 14-10-2021



De los cinco sentidos que dispone el ser humano, quizás sea la vista a que más importancia se le da. No es para menos: los ojos son los órganos que más información ofrece sobre el entorno que nos rodea de manera más inmediata.

Por ello, es de especial relevancia mantener la salud de los ojos en perfecto estado el mayor tiempo posible, y eso incluye la tercera edad. Existen mitos que aseguran que es normal perder visión conforme sumamos años, pero los mitos, mitos son: el doctor José Manuel Benítez del Castillo, catedrático de Oftalmología por la Universidad Complutense de Madrid, vicepresidente de la Sociedad Española de Oftalmología (SEO) y presidente de la Comisión Nacional de Oftalmología del Ministerio de Sanidad, asegura a entremayores que “si no existen patologías, la visión no tiene por qué reducirse. Eso que decían antes, que la vista se gasta, no es cierto”.

Ahora bien, si es cierto que solo por el hecho de cumplir años no se pierde visión, esto no quiere decir que la visión no cambie. La presbicia –conocida como “vista cansada”– es un defecto que aparece a partir de los 45 años que consiste en la pérdida gradual de la capacidad para enfocar objetos cercanos. “El paciente nota que necesita alejarse de los objetos cercanos para verlos, sobre todo, si existe mala iluminación”, explica Benítez del Castillo. “Es algo normal de la edad y aumenta con los años, independientemente de si ‘usamos’ los ojos o no”. Concretamente, la presbicia se desarrolla debido al endurecimiento del cristalino (la lente interior del ojo), que no puede modificar su forma como hacía antes para enfocar correctamente los objetos cercanos. Su solución, aunque paliativa, es bien simple: utilizar las famosas “gafas para leer”, o gafas monofocales si no se tiene ningún otro defecto de la visión. En caso contrario, y según explica la directora médica del Área de Oftalmología de Novartis, Carmen Navarro, habría que apostar por “gafas bifocales, trifocales o progresivas, necesarias si además de presbicia se sufre miopía, hipermetropía o astigmatismo”.

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Sin embargo, hay otras soluciones para la presbicia. Una de ellas es la cirugía refractiva con láser, “similar a la que se utiliza para corregir, por ejemplo, la miopía”, explica la directora médica de Oftalmología en Novartis; además de “la implantación de una lente intraocular que sustituye a nuestro cristalino, siendo esta segunda opción muy parecida a la cirugía de cataratas”. Asimismo, se está investigando una tercera opción: “Tratar la presbicia de manera farmacológica, mediante la aplicación de un colirio, aunque habrá que esperar un tiempo para ver si esta opción es realmente factible”, detalla Navarro.

Volviendo a las declaraciones del catedrático de Oftalmología, la capacidad de visión a partir de los 60 años viene determinada por el padecimiento de patologías. Pero, ¿cuáles?

EL OJO SECO
Cuando los ojos no producen la cantidad necesaria de lágrima, se produce el ojo seco. “No es una enfermedad grave”, apunta Benítez del Castillo, “pero puede ser incapacitante, afectando gravemente la calidad de vida de quien lo sufre”.

Según la Sociedad Española de Medicina Interna, se estima que entre el 5 y el 30% de la población padece esta enfermedad, siendo más frecuente en personas mayores. Quienes la sufren, tienen la sensación de que tienen arena dentro del ojo, visión borrosa y excesiva sensibilidad a la luz. La buena noticia es que no suele causar ceguera, tan solo las molestias derivadas de la irritación ocular.

El principal motivo del ojo seco que aparece en personas mayores son los cambios hormonales, como la menopausia, los cuales provocan que los ojos empiecen a producir menos lágrimas; o que la película lagrimal sea de una calidad inferior. También puede ser causa del uso prolongado de lentes de contacto. 

“El ojo seco puede aparecer a cualquier edad”, aclara Navarro, y como característica, actualmente se tiende a asociar “a la exposición a pantallas (ordenador, móvil, tableta o televisión), y al aire acondicionado, así como a la polución o la conducción. Evitar cualquiera de estos factores reduce el riesgo de padecer ojo seco”.

CATARATAS
Según un estudio realizado en 2017 por Statista, más del 15% de las personas de entre 65 y 74 años en España tienen cataratas, porcentaje que aumenta al 23,3% en la población mayor de 85 años. La aparición de esta afección, que consiste en la pérdida de transparencia del cristalino –la lente que se endurecía en la presbicia–, se relaciona fundamentalmente con la edad, aunque, según la Sociedad Española de Medicina Interna, hay condiciones que pueden acelerar o incluso provocar su desarrollo. Entre ellas se encuentra la exposición crónica al sol sin protección ocular, el tabaco, la diabetes e incluso el consumo de ciertos medicamentos.

Los pacientes con cataratas se distinguen porque su visión se vuelve más opaca, borrosa o tenue, lo que conlleva que necesiten más luz para actividades como la lectura y que les cueste ver de noche. Además, la visión lejana va disminuyendo gradualmente.

Esta afección es tan común que, actualmente, con una simple cirugía en la que se reemplaza el cristalino, se devuelve la visión normal al paciente. Además, se trata de una cirugía sencilla para la que apenas hacen falta cuidados tras la operación.

DEGENERACIÓN MACULAR ASOCIADA A LA EDAD
“Cuando miramos, lo que vemos se proyecta en la parte interna del ojo, en la retina. Allí hay una zona con máxima agudeza, la llamada mácula”. Así empieza explicando la SEMI la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una enfermedad que afecta a unas 700.000 personas en España y que tiene una prevalencia del 5,3% entre los mayores de 50 años. Se considera, además, una de las patologías asociadas a la ceguera con más previsión de crecimiento en los próximos años y, de hecho, en los países desarrollados, ya es la primera causa de ceguera.

Las personas con DMAE no ven bien por el centro de su campo de visión; tampoco distinguen los colores correctamente y las líneas se les presentan torcidas. No hay nada que se pueda hacer para evitar su aparición, aunque se ha relacionado con los antecedentes familiares o el tabaquismo.

En realidad, existen dos DMAE. La DMAE seca, que ocurre cuando los vasos sanguíneos situados bajo la mácula se vuelven frágiles, es la más frecuente. Por su parte, la húmeda, que representa tan solo el 10% de casos de DMAE, consiste en la aparición de nuevos vasos anormales y muy frágiles bajo la mácula, que dejan escapar sangre y líquido. Es la forma más grave de DMAE y la que causa mayor pérdida de visión.

Volviendo a los números, el informe ‘Objetivo DMAE’ refleja que existen cerca de un millón de personas en España con discapacidad visual, y muchas de esas afecciones “forman parte del proceso natural del envejecimiento. La mejor manera de prevenir o retrasar su aparición es llevando un estilo de vida saludable”, afirma Navarro, si bien reconoce que “la mayoría de estas enfermedades son multifactoriales y no se asocian a una causa concreta”, simplemente esos buenos hábitos pueden disminuir el riesgo de desarrollarlas. En cambio, cuando se trata de DMAE, sí merece la pena analizar los antecedentes familiares: quienes cuentan con un pariente que haya presentado esta patología, tienen un riesgo tres veces mayor de desarrollar la enfermedad. En este sentido, Navarro insta a “acudir al oftalmólogo para realizar revisiones periódicas”, pues “un buen seguimiento permitirá detectar la enfermedad de manera temprana y comenzar con el tretamiento lo antes posible. Cuanto antes se detecte la enfermedad y antes se empiece con el tratamiento, mejor será el pronóstico del paciente”, concluye.

EL GLAUCOMA Y LAS REVISIONES
“Ceguera silenciosa”. Así llama Benítez del Castillo al glaucoma, otra patología de los ojos que se suele dar en personas mayores. El mayor problema de esta enfermedad es que “no da síntomas: no duele ni los ojos se ponen rojos, pero puede conducir a la ceguera si no se trata”, advierte el vicepresidente de la SEO. Y es que el glaucoma aparece cuando se daña el nervio óptico del ojo, esto es, el lugar por el que se transmite la información visual desde el ojo hasta el cerebro. Ese daño es irreversible y, por tanto, la ceguera que causa el glaucoma también lo es.

La única manera de diagnosticar el glaucoma es durante una revisión ocular. En esta, se mide la presión intraocular, un marcador muy útil pero orientativo. Si los resultados indican que existe la posibilidad de padecer la enfermedad, posteriormente se hacen otras pruebas que confirmen o no el diagnóstico, entre ellas, la oftalmoscopia, un examen que exige la dilatación de la pupila.

Debido a que es una patología carente de síntomas, se recomienda una revisión de la presión intraocular cada tres o cuatro años a partir de los 40, aumentando la frecuencia de las revisiones a anual o bianual a partir de los 60. “No obstante”, señala Benítez del Castillo en relación ya no al glaucoma, sino a todas las enfermedades de los ojos, “ante una disminución de visión repentina o progresiva o ante un ojo rojo, el paciente debe acudir a su oftalmólogo antes de la fecha fijada”. De hecho, esa misma es la recomendación general que hace el especialista a todas las personas mayores: “acudir regularmente al oftalmólogo, igual que hace con el dentista. Con más frecuencia si tiene antecedentes familiares de estas patologías”. Y recuerda: “Muchas de estas enfermedades se pueden prevenir y, si son detectadas a tiempo, se frena su evolución”.

LA DETECCIÓN PRECOZ Y EL CONTROL
Como sucede con absolutamente todas las enfermedades, no iba a ser menos con aquellas que se dan en los ojos: el momento de la detección de la patología determina el pronóstico.

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“Algunas enfermedades como el glaucoma no tienen cura, y el tratamiento está enfocado a frenar o retrasar una pérdida irreversible de visión”, afirma Navarro. Pero el caso de la DMAE, por ejemplo, es diferente: “La aparición de los fármacos llamados ‘anti-VGEF’ permite llegar a controlar la enfermedad, sin olvidar que esta es una enfermedad crónica que acompañará al paciente durante toda su vida”.

Por otro lado, la directora médica de Oftamología considera “fundamental” que los pacientes estén informados sobre la enfermedad y estén acompañados en el proceso de seguimiento y control de su patología. En este sentido, pone el ejemplo de la campaña ‘Mucho por ver’, que proporciona tanto información como recursos de interés a personas con DMAE.

La conclusión por parte de los expertos consultados por entremayores es clara: es de extrema importancia acudir al oftalmólogo con regularidad, y así prevenir la pérdida de visión durante la vejez.


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